Siempre me he considerado consumidora de cultura, aunque no fue hasta hace pocos años cuando empecé a consumirla de una manera más autónoma. Desde pequeña siempre había soñado con ser actriz y, aunque mi vocación se ha tornado diferente a fin de cuentas, nunca descarto la posibilidad de asistir como aficionada. En este momento, mi vida no me permite dedicar tiempo a una actividad teatral muy activa, sin embargo, sigue siendo habitual verme por alguna que otra función.
He de decir que en estos últimos años mi consumo de teatro ha bajado considerablemente, y que, por razones personales, he asistido más veces al cine que al teatro en los últimos cuatro meses. Pensaba que esto iba a seguir siendo así cuando de repente, el Gran Teatro Falla me brinda la oportunidad de volver a consumir teatro. Por el precio de una hamburguesa, puedes asistir a espectáculos tan impresionantes como The Hole o Hamlet (que estará próximamente representándose en dicho teatro). Este tipo de detalles son los que hacen que la vida cultural de una ciudad merezca realmente la pena.
Por fin puedo dejar de ver películas de la Warner para volver a vivir la vibración de un escenario, aunque sea desde el gallinero. La sensación de ver la película en cuatro dimensiones y sin gafas solo la conoce el público del teatro. El final de un acto, la caída del telón, el juego de luces... Eso es cultura, sin espadas láser y sin hobbits que buscan anillos. La vida en tus narices, dramas, comedias, espectáculos alucinantes, en directo y al alcance de todos.
¡Arriba el telón para todos los públicos! La Tía Norica nos acerca espectáculos de títeres tan válidos para niños como para adultos. Lo reconozco, sigo quedándome boquiabierta delante de un titiritero y me encanta responder al unísono con los demás niños a lo que la marioneta pregunta. Eso sí: recomiendo asistir acompañado de un niño para que no te miren raro (valga el chascarrillo).
En definitiva: teatro, marionetas, bares con espectáculos como puede ser Pay-Pay, museos que constantemente permanecen abiertos sin que nadie haga cola para visitarlo...todo al alcance de nuestra mano. Me encantaría ver en Plaza de Mina una cola de personas esperando para visitar el Museo de Cádiz al igual que lo hace la gente en Madrid para entrar en el Reina Sofía. Por supuesto, no tenemos el Guernica, pero ¿quién sabe lo que tenemos aquí si no lo visitan? Creo que en este caso hay una mala gestión, no muy buena publicidad. Algo falla con el Museo. Pero bueno, seguiremos viendo cómo los niños son más felices cenando en Mcdonals que viendo marionetas, mientras que los padres sigan prefiriendo comprar unos jean antes que consumir cultura.

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