A la sombra de la ilustre figura
de Juan Valera, autor de grandes títulos como Pepita Jiménez (1874) o Juanita
la Larga (1895), varios nombres han marcado el panorama de la literatura
egabrense, entre los que podríamos destacar a Tomás Luque, Pedro Iglesias,
Vicente Toscano o Juan Soca.
El nombre de Cabra ha estado
presente desde los albores de la literatura española. A finales del siglo IX,
destaca el Ciego de Cabra, considerado el inventor de la moaxaja, composición
poética en árabe clásico o hebreo que incluía en su final una jarcha.
El poeta Tomás Luque Moyano
rubrica en 1919 el Manifiesto Ultraísta y mantuvo amistad con Jorge Luis Borges
y Vicente Huidobro, entre otros. Sus Poemas
Inconexos (1931) incluyen el tema “De mi ciudad andaluza”, dedicado a
Cabra.
Podríamos señalar igualmente a
Pedro Iglesias, cuyos versos son claros, dulces y fantasiosos. Escribe poemas
como “La Virgen pasaba”, “Carmen” o una oda llamada “El pueblo de don Juan
Valera”.
Por último es necesario destacar
a Juan Soca, autor de la obra El Doctor
Cordial en 1950, una obra de corte valeriano y en la que se confiesa fue un
gran amante de su pueblo. Soca no quiso salir de Cabra y, a pesar de los
consejos de varios amigos que le recomendaban probar suerte en el Madrid literario
de la época, decidió permanecer en su Cabra natal y desarrolló, desde allí,
toda su producción literaria. Sus amigos ultraístas afirmaron en la revista
‘Grecia’ que: “Soca no sigue un camino paralelo al nuestro, su nave ancló en un
puerto del Sur”. Sin embargo, esta decisión no supuso un impedimento para que
su fama como poeta y prosista traspasara los límites geográficos de la
localidad cordobesa.
Juan Soca dedicó gran parte de
las horas de su vida a enaltecer la obra de Juan Valera, probablemente, el
escritor egabrense más reputado y estudiado. No obstante, en Cabra existe una
“gran literatura” más allá de Valera.
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